" A N D A N Z A S

T R A G I C O M I C A S "

 

Nací en Madrid, en el seno de una familia de condición humilde, que poco a poco, gracias al trabajo infatigable y al pertinaz ahorro, dejó de serlo.

.................. (aquí estamos).............................. (aquí volvemos a estar ¡YA CON DAVID!)
(éste soy yo, a los cinco años, con una pelota y un libro junto a una garrafa de vino)
(Sigo siendo yo, estudiando en el cole)
Supongo que aparte del trabajo y el ahorro, influiría también, en la mejora económica de mi familia y de tantas otras, el desarrollismo económico de los años 60 en este país, lo del 600 y todo eso, y también que a peor no se podía ir.
(En casa no tuvimos 600, sino Balilla, cuatro cuatro y simca 1000)
España era un país marcado por una guerra civil devastadora, el hambre, la post guerra, las cartillas de racionamiento, los exilios, etc, etc... Es decir, una pirueta hacia atrás de cuarenta años que nos hizo pegar la destructiva ambición de un militar bajito, pero armado, que pronto se convertiría en Generalísimo, nada menos.
Yo no sufrí todo eso en mi propia carne pero sí en mi espíritu, como tantos otros de mi generación.
En fin, hay que tener cuidado a quien se entrega un arma, imagínense un destacamento, una compañía, un cuartel... El caso es que los años de retraso luego no nos los devuelve nadie, como el tiempo perdido, sólo es eso: perdido.
¿Quién no ha perdido alguna vez el tiempo? Es lógico, legítimo, incluso saludable hacerlo; sobre todo si se es consciente de perderlo.
Yo también perdí el tiempo, además a conciencia, durante años (les cuento como):
Amando platónicamente a chicas que no reparaban en mi...
Bebiendo más de lo que mi organismo quería aceptar...

Adoptando diferentes aspectos físicos con el objeto de dejar de amar platónicamente a las chicas de antes...
Amasando a pasos agigantados toda la discografía de Bob Dylan...
(esta foto se la hice yo mismo)
Curándome catarros producto de sobredosis de tabaco...
Leyendo las obras completas de autores tan visionarios como Kafka, espirituales como Hermann Hess o mágicos como Ernesto Sábato...
Viajando por El Nilo en barco con alguna chica...
Imaginando cómo sería una escena erótica en un pajar...
Practicando deportes que no son rentables económicamente... (si volviera a nacer me gustaría ser futbolista profesional, tener una cláusula de rescisión de 180 millones de euros y salir un día sí y otro también en el telediario haciendo gracias, contando chistes u opinando en un lenguaje muy común sobre el partido del siglo de cada semana)...
Viendo una y otra vez toda la filmografía de don Luis Buñuel...(esta foto no la hice yo mismo)
También perdí el tiempo en la mili, lógicamente... ¡qué bien que la han quitado! (esta foto nos la teníamos que hacer y comprar por huevos)
Admirando la pintura de Edward Hooper, la soledad del ser humano...
Haciendo fotos como esta, sólo de sombras... (luces y sombras, faltaba el movimiento: cine, cine, cine... ¡más cine por favor!)
Como pueden ustedes imaginar no perdí el tiempo a lo tonto y a lo bobo, sino como respuesta combativa contra un mundo gris y sin amor, sin demasiado sentido ni belleza, ¡ay, la adolescencia, qué tiempo tan difícil!, de qué forma necesitas de los demás, de qué manera tan angustiosa buscas en tu reflejo del espejo los signos de una personalidad que aún no tienes, ni aciertas a ver, ni sabes por dónde carajo buscarla...
Hasta que se va haciendo la luz, se empiezan a encender lucecitas y vislumbras un posible horizonte, y entonces, aún a tientas, te decides a seguirlo...
De forma que cuando empiezas a creer que estás en el camino adecuado te reconcilias con la vida y con todas tus pérdidas de tiempo y empiezas a amar hasta tu pasado, pues uno no sería el que es sin todas aquellas pérdidas de tiempo, a veces tan placenteras, otras tan frustrantes...
En fin, pese a todo, si un buen día no me hubiera atrevido a hacer cine, a intentarlo al menos, no sé dónde estaría hoy, quién sería yo, ni qué sería de mi...
Para mi el cine no es sólo una vocación y un trabajo, también una aventura de vida y sobre todo una ilusión permanente...
Héme aquí, ¡ya con la cámara...!
Con esto del cine creo que he alimentado mi vida interior, la que uno empieza a desplegar en la infancia y luego normalmente le obligan a aparcar; también he conocido mucha gente, unos cuantos excepcionales; y sobre todo, he dejado de preocuparme por mi aspecto externo, pues espero acceder platónicamente o no a las chicas de antes por mi personalidad, mi carisma o mi sentido del humor...
Además, consigues hacer viajes de "trabajo" por lugares donde no irías si no fuera de turista...
¡Pero hay otros viajes!, viajar con mi hija, estar en la cubierta de un barco, de aventura hacia el horizonte con mi hija es uno de los mayores placeres de este mundo...
Me gustaría hacer una película con las miles de caras de mi hija, las miles de imágenes que la he tomado...
el reflejo de mi mirada en la suya...
A menudo la recuerdo diciéndome muy seria, cuando aún sólo contaba cinco años:
"Yo sí puedo volar, porque tengo alas en el corazón"
Conocer la mirada que proyectas sobre las cosas o los seres, y ser capaz de moldear el tiempo, adquirir esa dimensión, la del tiempo con mayúsculas... creo que son los dos únicos secretos esenciales para dirigir cine...
Fernando.